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MAYO 2017



sábado, 13 de agosto de 2016

Lo invariable no cambia




Los niños de luto miraban
las maravillosas imágenes
Arthur Rimbaud

Más yo, altanera, con orgullo vano,
cual águila real a vil gusano,
contemplaba a los hombres
Gertrudis Gómez de Avellaneda


La madre llora cebolla, la madre es una yegua.
Les ha parido, invariablemente,
cuatro hermanos bastardos. Rojos.
Lo hizo a cuatro años del altar despojado de moral.
Delicadeza vuelta sucio lecho.

Esto aconteció hace ya cuatro siglos:
pero lo invariable no cambia
y lo maravilloso yace en la fotografía,
en el cromo que tampoco existe aún.

El padre sonríe a sus hijos,
sonríe desde el ataúd a sus hijos azules;
los otros (los bastardos rojos) también están de luto
pero no aciertan a sentirse despojados.
Ni culpables.


(De “Arrebatos del Epígrafo”. Fotograf'ia: jrog)